Yo
Ebrio como la mierda, oscuros callejones en todas partes y yo recorriéndolos con amigos, o solo, no me doy cuenta. Los aires eléctricos de la voz de morrison recorren mi cerebro cortando la realidad en tajadas cuadritos y triángulos. Yo solo lo miro, soy un observador pasivo, No me voy a acelerar a enojarme y gritarle
-¡Jim! Perro malparido que carajo estas haciendo vos
con tu voz
en mi puta realidad?
¿Como me voy a enojar con su majestad el rey lagarto? Él puede hacerlo todo. Él con su voz cortando la realidad en la calle yo lo miro y a la distancia sus ojos me devuelven la mirada por un instante como el tigre voltea hacia el camarógrafo cuando esta sobre su presa. Está a punto de darle el corte final a la realidad. Mis pies intentaron caminar solos, la realidad en curvas agonizaba bastante cerca de mis ojos, el aire acariciaba todo mi cuerpo, tan suave, tan denso, tan lleno de gritos que no era posible caminar, tenia que flotar.
Timbres alucinógenos, golpes al platillo. Serenata a mi mismo interpretada por el bullicio insomne que recorre todo mi cuerpo, Un lugar más terrible aun, euforia, ojos en llamas que se desangran al paso de los días. No puedo resignarme a sentarme con un “remote” en las manos, no puedo, no quiero, no cuando he encontrado mi amor por la no vida y puedo sostener el real control no remoto entre el pulgar y el índice. En una oleada eléctrica de sonido despegando por un momento la cabeza del cielo que parecía techo (o al contrario) encuentro en una voz conocida, amiga y favorita una respuesta al problema que la vida, como la vida, ha planteado este día- noche-día-noche. No quiero quemarme en el paraíso.
Quiero sacar la cabeza por la ventana justo cuando pueda volármela un carro que venga en sentido contrario y tal vez si no me da pereza, meterla antes del golpe. Quiero mirar y quemar. Quiero que el día sea rojo, para que la noche sea vinotinto y se vea como se ve mi sangre.
-sobre la pared.
En esa noche roja voy a atentar contra el sentido, voy a ir en contra de mis números poco favorables a los intentos que están perdidos antes de intentar. Voy a ir hacia vos, alta como deberías serlo y por eso te veo así. Tus ojos de cazadora justo al frente, para mirar una sola cosa me observarán y esperaran de mi algo suficientemente bien articulado como para también destinarte a hacer lo que quieres, que es lo mismo que yo quiero. Los dos sabemos lo suficiente bien qué queremos el uno del otro, cazadores, caníbales de almas, bestias llenas de humo y sangre al acecho. Me acerqué y te mentí lo suficiente mente bien, ahora estás conmigo. No se donde estoy, pero tu presencia llena el aire -que es rojo- más rojo que la piel y calor desmedido mientras nuestros cuerpos afanados hacen el inmenso viaje de unos pocos centímetros hasta la posición correcta -perfecta- y a medida que su rostro señorita se hace mas agotado, mas falto de aire, mas lleno de líneas de expresión y expresiones mas llenas de líneas que me atraviesan el cráneo, el aire se pone más rojo, usted antes tan distante parece muy complacida de estar (en todo el sentido de la palabra) fornicando de la mejor manera conmigo, el mundo se sumerge en un orgasmo rojo mientras usted y yo apenas nos aclimatamos juntos –quiere decir que vamos bien- No hay sonido mas allá de música llena de tecleos distantes que parecen resoplar sobre nuestros cuerpos que en este momento se me antojan el universo conocido. Movimiento placentero sin pausa, cercano, obligado, forzosamente lo mejor que puedo sentir. Nuestros ojos se encuentran en un instante mínimo como la vida misma, nunca hasta este momento me había detenido a mirar sus ojos llenos de matices, no se si son negros o cafés, en este momento se que son rojos como el universo mismo en posición horizontal, sus ojos que son mi horizonte próximo y que quiero ver como se cierran en el orgasmo mas definitivo. Serán los se vuelvan a abrir pidiendo mas, para que yo me pueda dar el placer dárselo y poder así recorrerla incrédulo de su belleza y absoluto talento innato para tener sexo con migo, quien sabe. Algún día quizás podamos jugar a hacer aquello que llaman amor.
Todo se puso lento y el cielo que ya es algo menos rojo, fue casi negro, limpia en si mismo el desastre que le hicimos anoche cuando éramos el universo.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario